El Conde Drácula


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En algún lugar de Transilvania yace el Conde Dracula, el monstruo, durmiendo en su ataúd y esperando que caiga la noche. Como el contacto con los rayos solares le causaría la muerte instantánea permanece en la oscuridad. Luego, llega el momento de la oscuridad, y movido por instinto milagroso, el demonio emerge de la seguridad de su escondite y, asumiendo las formas espantosas de un murciélago o un lobo, recorre los alrededores y bebe la sangre de sus victimas. Por último, se apresura a regresar a la seguridad de su ataúd protector y se duerme mientras vuelve a comenzar el ciclo.

Ahora, empieza a moverse. El movimiento de sus cejas responde a un instinto milenario e inexplicable, es señal de que el sol está a punto de desaparecer y se acerca la hora. Esta noche, está sediento y, mientras allí descansa, ya despierto, esperando sentir con espectral exactitud el momento preciso en que la oscuridad es total antes de abrir la tapa y salir, decide quiénes serán sus próximas victimas, el panadero y su mujer, reflexiona. Suculentos, disponibles y nada suspicaces.

El pensamiento de esa pareja despreocupada, excita su sed de sangre.

El Conde Drácula

Uno de los personajes más terroríficos y temidos de nuestra historia. Personaje de ficción basado en la vida de Vlad “El Empalador”, príncipe rumano que vivió en este castillo, y que hoy por hoy, se ha convertido en uno de los puntos turísticos más importantes de Europa.




¿Quién fue el Conde Drácula?

Hay que diferenciar en primer lugar la realidad de la ficción. El conde Drácula, fue el hombre vampiro que creó magistralmente el novelista, Bram Stoker, en 1897, basado, según se sabe, en la figura, acaso más mística y temida, del príncipe Vlad, a quien llamaban, El Empalador o Draculea, que en rumano significa, “hijo del demonio”.

Según fuentes históricas, Vlad habría usado el Castillo de Bran (nombre original e histórico del Castillo de Drácula), con fines militares entre 1452 y 1462. Es en ese período en que la fama de este príncipe rebasó los límites de su propia tierra Valaquia, para adentrarse en otros terrenos en donde los comentarios sobre aquel diabólico líder, se hicieron extensos y conocidos.


El Empalador
Imagen real de Vlad III el Empalador.
Ésta se conserva en el monasterio rumano de Snagov.


El sobrenombre de Empalador refiere a la manera cómo Vlad castigaba a sus enemigos políticos y militares. Se sabe históricamente que Vlad empalaba con largas estacas de maderas a sus enemigos. Tan frecuente era este tipo de sentencia que se estima que en diez años de mandato, el príncipe ejecutó a más de 50 mil personas, entre los que se encuentran no sólo prisioneros o soldados guerra sino también a nobles de su propia corte e incluso sacerdotes y personas importantes de su reino.

Muchos afirman que esta forma de “castigar” a sus detractores, opositores o enemigos, era una estrategia que a la larga le aseguró la seguridad de su propio reino. La sola imagen de miles de cuerpos empalados en las afueras de su castillo, evidentemente podían reprimir o ahuyentar cualquier intento de ataque o traición. Es por ello curioso, por ejemplo, que si bien en el resto del mundo la imagen de Vlad es muy cercana a la de un sádico asesino, muchos en aquella región rumana tienen la visión de un Vlad heroico, que nunca permitió que milicias enemigas atacaran de manera constante el lugar.

El Castillo
El castillo de Bran fue construido en 1212 por Dietrich, un caballero de la Orden Teutónica. Sin embargo, no fue sino hasta 1412, cuando el Castillo pasó a manos de Micea el Viejo, el abuelo del futuro príncipe Vlad.
Luego de la muerte de la descendencia de los Vlad, el castillo pasó en 1920 a la Reina María, esposa del Rey Fernando I, en gratitud a su contribución a la incorporación de Transilvania a Rumania.
En 1938, la reina le dejó el castillo a su quinta hija, la princesa Ileana, no obstante, debido a la II Guerra Mundial y la llegada del comunismo, el castillo fue confiscado y la princesa sólo pudo hacer uso de la propiedad a partir de 1990.

Actualmente, el castillo se encuentra disputado por tres hijos de la princesa, quienes desean tomar posesión ya sea del edificio o de los 25 millones de euros que el gobierno les ha ofrecido por el castillo.

Recientemente, un informe de la revista estadounidense Forbes, ha valorado el Castillo en 140 millones de dólares, tomando en cuenta no sólo su valor histórico sino y principalmente, turístico, pues según esta revista, el castillo es el segundo punto turístico más importante de Rumania, recibiendo más de 450 mil visitantes al año, algo nada despreciable para un enclave tan poco conocido de Europa.

El castillo por lo pronto continuará siendo un museo hasta el año 2009, luego pasará tal vez, a ser propiedad privada.

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