Reflexiones Muertas





Nos jactamos de nuestra riqueza, inteligencia o belleza, y ellas nos llenan de altanería y seguridad; nos hacen sentir superiores, nos hacen creer falsamente que somos especiales, en un mundo donde lo común se divide en secciones y lo abarca todo.


Hel Roy
PA-DIGITAL

Llega un momento en la "vida" de todo muerto, en que se pone a pensar sobre cosas mortales; mientras espera a que un Dios baje o un Demonio suba, a reclamar su alma.

Ese momento ya me llegó; además, ¿qué más puedo hacer aquí encerrado? Aparte de sentir ese molesto cosquilleo, producto de los gusanos, que no saben hacer otra cosa que comerme.

Ahora bien, ¿en qué iba? ¡Oh sí! Pensamientos mortales; durante todo el tiempo que llevo muerto; que a decir verdad no sé cuánto es; he meditado mucho sobre lo que fue mi vida; sobre las cosas que hice y las que dejé de hacer, y fueron estas últimas las que más me duelen; porque una vez que estás dentro de tu ataúd, completamente sólo, sin esperanza alguna de que el sol te dé una nueva oportunidad, te das cuenta de que muchos de tus temores no tienen sentido alguno.

Como por ejemplo, aquel amor que nunca me atreví a revelar, por temor a no ser correspondido, aquellas ideas que me trague por miedo a que no fueran aceptadas o las veces que escondí quién realmente yo era, para evitar el rechazo de los demás; y ahora me pregunto: ¿A qué le tenía miedo? No iba a morir por hacer tales cosas... y aun si hubiera muerto, tal vez entonces no estaría lleno de remordimiento por haber sido un cobarde.

Pero la vida no es sólo temores, también hay grandes fortalezas; aunque debo admitir que la mayoría tampoco son gran motivo de alegría o alarde.

Yo las dividido en 3: materiales, mentales y físicas. Nos jactamos de nuestra riqueza, inteligencia o belleza, y ellas nos llenan de altanería y seguridad; nos hacen sentir superiores, nos hacen creer falsamente que somos especiales, en un mundo donde lo común se divide en secciones y lo abarca todo.

¿Y para qué? Mírenme a mí; un intelecto privilegiado que me llevó a los más altos estándares del conocimiento humano. ¿Y para qué? Para estar tan concentrado en adquirir más conocimientos, que no me percaté a tiempo, de la enfermedad que me iba absorbiendo. Sí. Debo admitir que esos conocimientos me llevaron a la fortaleza número 1, y es que el dinero era algo que jamás escaseaba en mis manos. ¿Y para qué? Para no poder comprar lo único que realmente quería y necesitaba... Tiempo.

Aunque pude comprarme el atuendo que llevo puesto; un par de zapatos, un traje de diseñador famoso y un gran anillo de oro. ¿No lo encuentran fascinante? Cómo queremos darle un mayor valor a las cosas materiales, que hasta nos enterramos con ellas, como si nos fueran a servir de algo en esta apretada prisión.

Aunque mi anillo me trae buenos recuerdos: hacerme enterrar con estas cosas fue una muy tonta idea humana. Hubiera dejado que las vendieran para alimentar a los desamparados. No sé... tal vez hubiera donado mis órganos... ¡Órganos! Sabía que todo esto tenía una razón de ser. ¡Ya recuerdo por qué desperté! Por el fuerte sonido que hacía mi pútrido corazón al latir estático. Y es que lo único que logré arrastrar conmigo es algo que ni el dinero ni la inteligencia ni la belleza me dieron: es el calor que me protege del frío que significa estar muerto... es amor.

Aquel sentimiento inexplicable que le da significado a nuestro existir: que se adapta a cada persona y es más universal de lo que llegamos a creer. El amor es tan magnífico, que no se puede comprar; es tan sobrehumano, que no se puede comprender; es tan sublime, que es ciego. ¿Por qué no me di cuenta de eso cuando estaba vivo?

Panamá Américasuplemento dia D  
17/012010

Nota extraída de: http://www.pa-digital.com.pa/periodico/edicion-actual/dia_d-interna.php?story_id=876831&edition_id=20100117#ixzz0d46RxsJ7

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